
De El Salvador me fui para León, primer ciudad "turística" cercana a la frontera con Honduras (porque El Salvador no tiene frontera con Nicaragua, hay que pasar por Honduras sí o sí) y la segunda mas importante después de Granada.
Ahí me encontré con Victoria, la chica brasilera que había conocido en el viaje de Guatemala a El Salvador.
Estuvimos en un hostal muy lindo y barato que tenía piscina y que bien venia porque en León hace un calor terrible.
Me encantó León. Es una ciudad muy linda, de arquitectura colonial y con mucha historia. A 30 minutos tiene playas hermosas como los balnearios de Poneloya y Las Peñitas (hasta ahí fui dos veces, me encantó solo que es un poco peligrosa la marea, así que te metés tipo viejo solo hasta las rodillas).
También León es conocida por haber sido un centro universitario importante, y haber tenido la hegemonía académica del país, hasta que en 1980 abrieron otras sedes en Managua.
Cuenta con dos museos sobre el proceso revolucionario nicaraguense: uno manejado por ex combatientes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y otro por las madres de guerrilleros fallecidos durante el conflicto armado. Fuimos a los dos. Son museos muy sencillos, con fotocopias de diarios de la época, fotos y, en el de los ex combatientes, con la guía personalizada de Tobías, un militante del FSLN), quien con apuntador en mano, nos contó de manera detallada la historia del proceso revolucionario nicaraguense, desde los tiempos de Augusto Sandino, hasta el triunfo de la revolución por la cual ellos mismos lucharon.
Otro dato para destacar es que la catedral de León fue la segunda mas linda que vi hasta el momento (el puesto n° 1 lo tiene la de la ciudad de Guatemala).
En mi primera visita a León estuve solo cuatro días, porque me tenía que encontrar con mi familia en San José, en Costa Rica para pasar la navidad con ellos.
Salí un domingo a las 6 de la mañana para llegar a Managua y de ahí enganché justo un bus para San José que tardó casi doce horas. A las 22, estaba en un taxi yendo a un hostal para pasar la noche y al otro día encontrarme con la flia. Se venían días de relajo total de la vida de mochilera. Hotel lindo y ninguna "preocupación" mas que jugar con mi hermanita y disfrutar de la fiesta navideña.
Queda por último recordar aquel engaño casi tragicómico del taxista en San José, cuando trató de hacerme creer que al otro día se iba a producir en la ciudad un paro de transportes tan grande que no iba a poder volver al centro de niguna manera. Él intentaba que yo me asustara y así poder llevarme a la otra punta de la ciudad, donde estaba el aeropuerto, y así tener un viaje de 30 dolares en vez de 10. Realmente yo pensaba que los taxistas de Buenos Aires eran los mas chamuyeros del planeta, pero resultó que no, que esta historia resultó la superadora.
El hombre frente a mis preguntas, y al ver que no era fácil convencerme y hacerme desistir de mi primer destino, inventaba cada vez mas y mas mentiras: que a los taxis que no cumplieran con el paro les iban a tirar piedras, que los buses no trabajaban, que era mas simple irme a dormir a un hotel cerca del aeropuerto (carisimo para mí, pero a ellos suelen darle comisión por los pasajeros que lleven ahí), bla, bla. Cansado de no poder convencerme tuvo que dejarme en el hostal que le indiqué.
Cuando llegué, le pregunté a los chicos de la recepción si sabían algo sobre el supuesto paro de transportes que se iba a producir mañana. Se miraron y se rieron un largo rato: me habían metido el cuento casi con la misma maestria que en Argentina. Ese fue mi primer contacto con Costa Rica.
Moraleja: versos y verseros existen en todas partes del mundo.
San Juan del Sur - Isla de Ometepe

Ya conté como siguió el viaje en Costa Rica hasta fin de año.
Luego de las fiestas, me fui con Claudia para San Juan del Sur, Nicaragua. Ella se quedó solo dos días porque luego llegó su familia y continuó viaje con ellos rumbo a Guatemala.
San Juan del Sur es un hermoso pueblo costero, con coloridas casas, un muelle- puerto, un acantilado con un cristo en su cumbre, algunos murales que recuerdan la revolución sandinista y lindas playas.

La que mas me gustó a mi fue la playa Maderas, porque aún, dentro de todo, está bastante virgen. De todas maneras ya San Juan del Sur es un destino de moda, y ahí llegan muchos turistas a hacer surf.
Hice mucha playa ahí, conocí bastante el pueblo (el último día encontré una biblioteca pública muy buena, financiada por una ONG internacional, claro) y leí otro poco.
De acá partí a Rivas para tomar, en San Jorge especificamente, el barquito a la Isla de Ometepe.
Digo barquito porque nunca tan bien utilizado el término: de apurada tomé el primero que salía, una embarcación de madera llena de gente, bolsos y mercadería, que se movía con las olas como si fuese un barco de papel.
Los primeros minutos estuve parada, creyendo ilusamente que de esa forma no me iba a marear. Al rato ya estaba acostada en el suelo entre los bolsos con la presión baja, hormigueos en las manos y un mareo que me hizo quedar dormida en el lugar mas insólito.
Horrible el viaje. Conté los minutos para llegar hasta que me dormí y desperté ya casi en tierra firme.

Luego, una vez en la isla, la llegada hasta la zona donde hay hostales, me costó bastante también.
Tomé un primer bus que luego de casi dos horas me dejó en un cruce por el cual ya no pasaba (supuestamente) el otro bus que hacía los 7 km que faltaban.
Me quedé ahí un rato junto con otra gente del pueblo que no tenía transporte tampoco. Al rato pasó un camión que transportaba platanos y la señora que esperaba conmigo le hizo dedo. Terminamos los cuatro en la parte de atrás del camión, rodeados de hojas de platanos y a los saltos por los pozos. Esta situación fue muy graciosa porque la señora esta que consiguió el transporte estaba con su papá, un señor bastante mayor. Resulta que tuvimos que empujarlo entre todos para que pueda subir al camión y después quedó parado agarrado de un caño y muerto de risa con cada pozo y movimiento del camión.
Finalmente encontré (después de caminar y hacer dedo) el hostal que me había recomendado Claudia.
Era un grupo de casitas a la orilla del lago, manejadas por dos hermanas muy simpáticas. Me acondicionaron una de las casitas y al rato me acerqué a cenar con ellas, una familia nicaraguense que estaba de vacaciones y un señor francés que hablaba bastante bien español.
Estuve tres o cuatro días en Ometepe, ya no recuerdo. A parte del hostal de las chicas, también fui a la Finca Zopilote, un finca ecológica, donde los baños son químicos, todo es reciclado y reciclable y se duerme en hamacas o pequeñas palapas (tipo cabañitas) en pleno bosque.
Muy lindo todo en Ometepe, salvo que me aburrí un poco. No había mucha gente, y salvo las hermanas de la otra hosteria, muchos hablaban inglés (ya saben que entiendo y hablando lo básico, algo me defiendo, pero me aburre al rato y desisto de la comunicación).
Ahí anduve entonces, tejiendo y leyendo bastante.
Quiero mencionar la buena onda de las hermanas de Ometepe que tuvieron el gran gesto de solo cobrarme los días de hospedaje y regalarme la comida! Dos divinas! mirá que regalarme la comida a mí! con lo que como!!!
Luego de estos días bien tranquilos me fui para Granada, para comenzar a colaborar con la organización del último encuentro de arte comunitario en el que participaría: el Festival Internacional de Arte Callejero "Berrinche Ambiental".
Granada
En Granada estuve casi un mes. Llegué primero a un hostel llamado "La Libertad" donde al quinto día enganché justo a un ladrón llevandose el celular que me había prestado Eva cuando estábamos juntas en México. En un acto de heroismo rídiculo lo encaré para que me diga qué se estaba llevando (ja!). Por suerte me tocó un ladrón buena onda y haciéndose el boludo se fue sin hacerme caso, en vez de darme un piñazo.
Por suerte el dueño del hostel se comportó bien y, luego de este episodio, me regaló todos los días de mi estadia y un celular nuevo que luego vendí (entiendan que me puse firme con que debía retribuirme alg

o de lo robado ya que hasta a la comisaría me hicieron ir y terminé haciendo
reconocimiento virtual de todos los ladrones de Granada y Managua).
Salvo este nuevo episodio de hurto, la pasé de maravillas en Granada. Hice el recorrido por la ciudad - una belleza colonial, con las iglesias típicas, el lago Cocibolca con un malecón, un pequeño centro con cine y una calle peatonal, "la calzada", donde se encuentran los bares y restaurantes típicos y tops, la catedral hermosa con el clásico parque central centroamericano.
Lo más lindo para destacar de mi estadia en Granada fue la participación en el ya mencionado Berrinche Ambiental. (
http://elberrincheambiental.blogspot.com/ )
Este festival fue organizado por la Casa de la Comedia y Mimo, un proyecto hermoso donde conviven jóvenes de Nicaragua con dificil acceso a oportunidades que aprenden el arte de la comedia, el mimo y circo. (
http://www.escueladecomedia.org/es )
Llegaron grupos de toda centroamérica, de la Guanred (la red de peñas culturales de Costa Rica), de otras zonas de Nicaragua, de Caja Lúdica (Guatemala), entre otros. El encuentro duró cinco días y estuvo lleno de lindos momentos. Yo estuve en el equipo de comunicación, escribiendo el blog, colaborando con la prensa y demás cuestiones comunicacionales. Durante el festival (que estaba centrado en la sensibilización artístico-comunitaria sobre el tema ambiental) se trabajó con cuatro comunidades, se realizaron eventos artísticos durante la tarde-noche, hubo un foro sobre Ambiente, se inauguró la "casa de las botellitas" (espacio donde viven y reciben sus clases los chicos de la Casa de la Comedia y Mimo) que está realizada con botellas de plástico y vidrio, y se cerró el evento con una comparsa y un recital en el parque central de Granada.

Fue otra hermosa experiencia porque aparte de conocer Granada en profundidad, seguí interiorizandome sobre el tema del arte comunitario, me reencontré con mis amigos de las redes de centroamérica, y seguí recibiendo ese calor de la amistad construida. Al finalizar el festival, y luego de comenzar con las despedidas definitivas con muchos amigos, me quedé unos días mas en Nicaragua. Estuve en Masaya y volví a León. Fuimos con María, una amiga española-guatemalteca, paramos en la casa de Andrea en Masaya (otro gran amigo italo-nicaraguense) y luego en lo de Felix en León. Con Marucha compartí esa última semana de viaje y que suerte que es tan buena amiga, porque le tuvo paciencia a mis silencios y ansiedades!!.
Finalmente me lancé a cruzar la frontera con Costa Rica, para comenzar a acercarme a San José, donde tomaría el último bus hasta la ciudad de Panamá para tomar el avión a Buenos Aires.
El relato del final del viaje está en la entrada "Costa Rica". Ya que estoy, les dejo acá plasmado mi agradecimiento a todas las personas hermosas que se cruzaron en mi camino de viajera. Fue una experiencia maravillosa, llena de aprendizajes y emociones para toda la vida.
Todo lo que viví quedará en mi corazón por siempre.
¡¡¡¡Gracias por la magia!!!!