Taric.
Julio - Oaxaca, México.
Lo conoció primero Laura - mi amiga, la dueña de Coral - en un bar donde él se le acercó y le tiró las cartas hindues.
Tiempo después cuando nosotras buscabamos dónde mudarnos, fuimos a ver un cuarto que salió publicado en un aviso y resultó ser que era él el que lo alquilaba. Por cuestiones monetarias no pudimos quedarnos, pero nos encantó su casa.
Luego de esas primeras coincidencias, lo empezamos a cruzar por nuestro barrio (ya que finalmente nos mudamos a dos cuadras de su casa), hasta que un día fui a ver unos cortos al "Pochote Cineclub" y mientras esperaba que abran la puerta de la sala, llegó él.
Conversamos trivialidades hasta el momento en que se acercó un conocido y me tuvo que presentar como "una amiga" porque no recordaba mi nombre; "Laura" le dije.
A partir de ese momento la conversación giró sobre la coincidencia de que seamos dos Lauras las que viajabamos y que recientemente él trabajaba en un cuento cuya protagonista se llamaba igual a nosotras.
Ahi comenzó a relatarme la historia en la cual estaba basado "Origami", el cuento en cuestión.
Taric no conoció a Laura, solo la vio en fotos y en un video que le mostró Francesca, una amiga en común. Ésta última era descripta por él como una mujer extraña, un tanto peligrosa.
Laura murió en una tormenta en alta mar, cuando el barco a motor en el que viajaba junto a otras dos personas no pudo sortear las gigantezcas olas.
Hubo varias premoniciones a la tragedia, me contaba Taric: un sueño, tres ataudes que fueron mandados a confeccionar previo a la partida, vientos fuertes que desarmaban el origami que estaban construyendo Laura y Francesca. Ninguna fue tomada en serio por Laura, de todos modos realizó ese viaje, y ahí encontró la muerte.
Vi cada escena del cuento a través del relato de Taric, hasta que abrieron la sala y tuvimos que parar de hablar para pasar a ver los cortos. Adentro, él siguió hablando del tema de su cuento y las coincidencias con "las Lauras"; nos pidieron silencio por favor.
A la salida nos despedimos y él nos invitó a que pasaramos por su casa para tomar una sopa de verduras. Mas tarde fuimos, pero como no nos acordabamos el número de dpto no lo encontramos, entonces caminamos para el centro para comprar algo de comer, ya que la sopa de verdura no iba a ser. Al doblar una esquina, ahí estaba Taric.
Volvimos con él para su casa, cenamos y tomamos unas chelas (cerveza en mexicano), luego le pedimos que nos lea el cuento de Laura. Eso trató, pero nunca encontró el manuscrito. Esa noche también le pedí que me tire las cartas, cosa que no hizo, ya que "tiene que latirme, no puedo hacerlo si me lo piden".
Así pasó la velada, entre historias de su vida, el relato del encuentro entre Laura y yo, y otros comentarios sobre nuestra estadia en Oaxaca.
Nuestro reciente amigo vivió en muchisimas partes del mundo, entre ellas nueve años en Cuba, otros tantos en diferentes ciudades de Estados Unidos, y recorrió Europa y África hasta casi conocer el mismisimo Sahara.
Una historia hermosa que me impactó fue que llegó a Cuba gracias a que un día,cuando vivía en Miami, dejó la puerta abierta de su casa para que entre aire, y la señora de la limpieza del edificio le tocó para hacerle una proposición: pagarle los gastos del viaje a La Habana a cambio de que él le lleve a su madre una silla de ruedas y una valija con ropa que quería enviarle pero no podía viajar desde los Estados Unidos por ser cubana.
Doña Chela, la cubana en cuestión, cumplió con su palabra, y tiempo después, Taric estaba en el aeropuerto José Martí de La Habana dando explicaciones sobre su equipaje.
En plena revolución, no iba a ser tan fácil que un mexicano cruce los controles con una silla de ruedas y una valija llena de ropa de mujer, asi fue que le sacaron todo lo que llevaba.
Ahi estaba Taric, en un hotel de El Vedado pagado por doña Chela pero sin su misión cumplida. ¡Le habían sacado todo!
Al otro día, angustiado porque tuvo que darle la noticia de la perdida a Chela, fue a comer a un restaurant cubano y, como es común en este país, tuvo que hacer fila para ingresar al lugar. Como no tenía apuro en entrar a comer, dejó pasar a un muchacho que él describió como flaco, "casi escualido". Éste gesto provocó una charla entre él y Ernesto, el muchacho que parecia enfermo, que derivó luego en un almuerzo compartido. Resultó ser que Ernesto era hijo de un funcionario del gobierno revolucionario y prometió a Taric hacer todo lo posible para que le devuelvan las cosas que eran para la madre de doña Chela. Así fue, al otro día le avisó a Taric que la silla de ruedas y la valija ya estaban en casa de la señora enferma.
Taric se quedó nueve años en La Habana, tuvo una fuerte amistad con Ernesto y se realizó como editor de libros de una editorial cubana.
Unos días después, nos propusimos con Laura invitarlo a un bar donde tocaban sones cubanos, para empezar a despedirnos de él, ya que en cinco días dejabamos Oaxaca para partir rumbo a Chiapas.
Entre la cena y algunas distracciones, no pudimos ir a buscar a Taric y fuimos directo para el bar. No fue necesario avisarle yendo a buscarlo a la casa, a la media hora Taric nos sorprendia en Babel, el bar del recital.
Luego de unos meneos, nos fuimos para lo de Taric con Meli, la vecina de la casa donde viviamos, para pasar otra velada de chelas y charlas prolongadas y mágicas.
Esa noche nos leyó Origami y dos cuentos mas de su autoría. Increible, lleno de coincidencias y paralelismos con momentos de mi vida. Escuchar de su boca aquella historia que había sintetizado ese día en el cineclub fue realmente cinematográfico. Muchas imágenes y recuerdos volvieron a mí. Así lo acepté, tenía que escuchar esto, historias cercanas a mí, sensaciones conocidas, todo acá es por algo. Ahi estaba "Origami" y otro cuento de su autoría queriéndonos decir algo.
Finalmente, esa vez tampoco nos tiró las cartas. No había llegado el momento.
Otras historias excepcionales fueron relatadas por él esa noche: aquel cuarto donde quisimos ir a vivir con Laura, no era nada común; lo habitaba ahora Hugo, un jóven artista que dedica su obra solo a pintar tragedias. Por eso lo aceptaba como inquilino, porque él escribe sobre la muerte, y Hugo la pinta. Dice Taric que todas las personas que durmieron en ese cuarto, excepto Hugo claro, tuvieron pesadillas. Seguramente, dice, son los cataclismos que en ese cuarto pintó Hugo, los que la gente sueña.
El anteúltimo encuentro con Taric fue también en su casa, el mismo día en que fui a la boda en San Lorenzo Etla, un pueblito cercano a la capital.
Esa fue la noche de la lectura de cartas, entre otras informaciones que recibimos las tres invitadas: Meli, Laura y yo.
Al rato de haber llegado Taric me dijo " sos Helena, la mujer que comenzó la guerra de Troya", y luego comenzó a contarme la trágica historia de Helena y la guerra de Troya. Luego de cenar, lanzó otra de sus frases: "Laura vos sos muy polifacética, una persona dificil de conocer, dificil de llegar a vos. A diferencia de tu espejo, la otra Laura, que es un libro abierto".
Bailamos un poco, cenamos y llegó así el momento de la lectura de las cartas. Fui la primera en sacar una: Ghura, el dios de la guerra y la ira. "Tenes que dejar de guerrear", y me leyó el contenido de la carta: " El agua clara de un río es símbolo de la conciencia pura, como está limpio el río, como está limpia tu conciencia".
Sacaron sus cartas Laura, Meli y el propio Taric. Lo que las cartas le decian a ellos también, sentía, era información para mí. Hicimos otra ronda de tirada y preguntamos por el amor. A mí me salió la carta del chakra del corazón; parece que voy por el buen camino, aunque todavía hay que seguir trabajando (como siempre bah).
Fue un momento mágico, a la luz de la vela cada uno contó alguna historia de su vida, y todos sentimos que las cartas que salieron fueron las acertadas y adecuadas. Las "coincidencias", como siempre en mi vida, se sucedían continuamente con Taric.
Lo vimos por última vez la tarde previa a partir de Oaxaca, en su casa. Hicimos planes de vernos nuevamente en San Cristobal, nuestro próximo destino del viaje, y almorzamos. Llegó Hugo, su huesped, ví las obras (tragedias) que pintaba, hicimos previsiones sobre cómo nos iría en Sancris y finalmente llegó el abrazo de despedida. Que hombre inolvidable Taric. Ese tono de voz, esa manera de contar las cosas, esa ternura. Amigo, sé que te volveré a ver para contarte qué pasó con la historia de Laura.
Julio - Oaxaca, México.
Lo conoció primero Laura - mi amiga, la dueña de Coral - en un bar donde él se le acercó y le tiró las cartas hindues.
Tiempo después cuando nosotras buscabamos dónde mudarnos, fuimos a ver un cuarto que salió publicado en un aviso y resultó ser que era él el que lo alquilaba. Por cuestiones monetarias no pudimos quedarnos, pero nos encantó su casa.
Luego de esas primeras coincidencias, lo empezamos a cruzar por nuestro barrio (ya que finalmente nos mudamos a dos cuadras de su casa), hasta que un día fui a ver unos cortos al "Pochote Cineclub" y mientras esperaba que abran la puerta de la sala, llegó él.
Conversamos trivialidades hasta el momento en que se acercó un conocido y me tuvo que presentar como "una amiga" porque no recordaba mi nombre; "Laura" le dije.
A partir de ese momento la conversación giró sobre la coincidencia de que seamos dos Lauras las que viajabamos y que recientemente él trabajaba en un cuento cuya protagonista se llamaba igual a nosotras.
Ahi comenzó a relatarme la historia en la cual estaba basado "Origami", el cuento en cuestión.
Taric no conoció a Laura, solo la vio en fotos y en un video que le mostró Francesca, una amiga en común. Ésta última era descripta por él como una mujer extraña, un tanto peligrosa.
Laura murió en una tormenta en alta mar, cuando el barco a motor en el que viajaba junto a otras dos personas no pudo sortear las gigantezcas olas.
Hubo varias premoniciones a la tragedia, me contaba Taric: un sueño, tres ataudes que fueron mandados a confeccionar previo a la partida, vientos fuertes que desarmaban el origami que estaban construyendo Laura y Francesca. Ninguna fue tomada en serio por Laura, de todos modos realizó ese viaje, y ahí encontró la muerte.
Vi cada escena del cuento a través del relato de Taric, hasta que abrieron la sala y tuvimos que parar de hablar para pasar a ver los cortos. Adentro, él siguió hablando del tema de su cuento y las coincidencias con "las Lauras"; nos pidieron silencio por favor.
A la salida nos despedimos y él nos invitó a que pasaramos por su casa para tomar una sopa de verduras. Mas tarde fuimos, pero como no nos acordabamos el número de dpto no lo encontramos, entonces caminamos para el centro para comprar algo de comer, ya que la sopa de verdura no iba a ser. Al doblar una esquina, ahí estaba Taric.
Volvimos con él para su casa, cenamos y tomamos unas chelas (cerveza en mexicano), luego le pedimos que nos lea el cuento de Laura. Eso trató, pero nunca encontró el manuscrito. Esa noche también le pedí que me tire las cartas, cosa que no hizo, ya que "tiene que latirme, no puedo hacerlo si me lo piden".
Así pasó la velada, entre historias de su vida, el relato del encuentro entre Laura y yo, y otros comentarios sobre nuestra estadia en Oaxaca.
Nuestro reciente amigo vivió en muchisimas partes del mundo, entre ellas nueve años en Cuba, otros tantos en diferentes ciudades de Estados Unidos, y recorrió Europa y África hasta casi conocer el mismisimo Sahara.
Una historia hermosa que me impactó fue que llegó a Cuba gracias a que un día,cuando vivía en Miami, dejó la puerta abierta de su casa para que entre aire, y la señora de la limpieza del edificio le tocó para hacerle una proposición: pagarle los gastos del viaje a La Habana a cambio de que él le lleve a su madre una silla de ruedas y una valija con ropa que quería enviarle pero no podía viajar desde los Estados Unidos por ser cubana.
Doña Chela, la cubana en cuestión, cumplió con su palabra, y tiempo después, Taric estaba en el aeropuerto José Martí de La Habana dando explicaciones sobre su equipaje.
En plena revolución, no iba a ser tan fácil que un mexicano cruce los controles con una silla de ruedas y una valija llena de ropa de mujer, asi fue que le sacaron todo lo que llevaba.
Ahi estaba Taric, en un hotel de El Vedado pagado por doña Chela pero sin su misión cumplida. ¡Le habían sacado todo!
Al otro día, angustiado porque tuvo que darle la noticia de la perdida a Chela, fue a comer a un restaurant cubano y, como es común en este país, tuvo que hacer fila para ingresar al lugar. Como no tenía apuro en entrar a comer, dejó pasar a un muchacho que él describió como flaco, "casi escualido". Éste gesto provocó una charla entre él y Ernesto, el muchacho que parecia enfermo, que derivó luego en un almuerzo compartido. Resultó ser que Ernesto era hijo de un funcionario del gobierno revolucionario y prometió a Taric hacer todo lo posible para que le devuelvan las cosas que eran para la madre de doña Chela. Así fue, al otro día le avisó a Taric que la silla de ruedas y la valija ya estaban en casa de la señora enferma.
Taric se quedó nueve años en La Habana, tuvo una fuerte amistad con Ernesto y se realizó como editor de libros de una editorial cubana.
Unos días después, nos propusimos con Laura invitarlo a un bar donde tocaban sones cubanos, para empezar a despedirnos de él, ya que en cinco días dejabamos Oaxaca para partir rumbo a Chiapas.Entre la cena y algunas distracciones, no pudimos ir a buscar a Taric y fuimos directo para el bar. No fue necesario avisarle yendo a buscarlo a la casa, a la media hora Taric nos sorprendia en Babel, el bar del recital.
Luego de unos meneos, nos fuimos para lo de Taric con Meli, la vecina de la casa donde viviamos, para pasar otra velada de chelas y charlas prolongadas y mágicas.
Esa noche nos leyó Origami y dos cuentos mas de su autoría. Increible, lleno de coincidencias y paralelismos con momentos de mi vida. Escuchar de su boca aquella historia que había sintetizado ese día en el cineclub fue realmente cinematográfico. Muchas imágenes y recuerdos volvieron a mí. Así lo acepté, tenía que escuchar esto, historias cercanas a mí, sensaciones conocidas, todo acá es por algo. Ahi estaba "Origami" y otro cuento de su autoría queriéndonos decir algo.
Finalmente, esa vez tampoco nos tiró las cartas. No había llegado el momento.
Otras historias excepcionales fueron relatadas por él esa noche: aquel cuarto donde quisimos ir a vivir con Laura, no era nada común; lo habitaba ahora Hugo, un jóven artista que dedica su obra solo a pintar tragedias. Por eso lo aceptaba como inquilino, porque él escribe sobre la muerte, y Hugo la pinta. Dice Taric que todas las personas que durmieron en ese cuarto, excepto Hugo claro, tuvieron pesadillas. Seguramente, dice, son los cataclismos que en ese cuarto pintó Hugo, los que la gente sueña.
El anteúltimo encuentro con Taric fue también en su casa, el mismo día en que fui a la boda en San Lorenzo Etla, un pueblito cercano a la capital.
Esa fue la noche de la lectura de cartas, entre otras informaciones que recibimos las tres invitadas: Meli, Laura y yo.
Al rato de haber llegado Taric me dijo " sos Helena, la mujer que comenzó la guerra de Troya", y luego comenzó a contarme la trágica historia de Helena y la guerra de Troya. Luego de cenar, lanzó otra de sus frases: "Laura vos sos muy polifacética, una persona dificil de conocer, dificil de llegar a vos. A diferencia de tu espejo, la otra Laura, que es un libro abierto".
Bailamos un poco, cenamos y llegó así el momento de la lectura de las cartas. Fui la primera en sacar una: Ghura, el dios de la guerra y la ira. "Tenes que dejar de guerrear", y me leyó el contenido de la carta: " El agua clara de un río es símbolo de la conciencia pura, como está limpio el río, como está limpia tu conciencia".
Sacaron sus cartas Laura, Meli y el propio Taric. Lo que las cartas le decian a ellos también, sentía, era información para mí. Hicimos otra ronda de tirada y preguntamos por el amor. A mí me salió la carta del chakra del corazón; parece que voy por el buen camino, aunque todavía hay que seguir trabajando (como siempre bah).
Fue un momento mágico, a la luz de la vela cada uno contó alguna historia de su vida, y todos sentimos que las cartas que salieron fueron las acertadas y adecuadas. Las "coincidencias", como siempre en mi vida, se sucedían continuamente con Taric.
Lo vimos por última vez la tarde previa a partir de Oaxaca, en su casa. Hicimos planes de vernos nuevamente en San Cristobal, nuestro próximo destino del viaje, y almorzamos. Llegó Hugo, su huesped, ví las obras (tragedias) que pintaba, hicimos previsiones sobre cómo nos iría en Sancris y finalmente llegó el abrazo de despedida. Que hombre inolvidable Taric. Ese tono de voz, esa manera de contar las cosas, esa ternura. Amigo, sé que te volveré a ver para contarte qué pasó con la historia de Laura.